Así nos vieron: Davillier y Fernán Caballero


Tengo en mis manos una reedición del libro Viaje por Andalucía, de El barón Charles Davillier e ilustraciones de Gustave Doré, del año 1874. Una auténtica guía turística de la Andalucía del siglo XIX.  Podría pasar por ser un libro más, pero no. Es una de esas rarezas literarias que para los amantes de los viajes es una pasada. Y si además el autor narra o relata lo que ve, oye o conoce de ciudades tan visita y ruteadas por nosotros con la perspectivas y la mirada de hace siglo y medio la lectura se convierte en toda una experiencia.

Viaje por Andalucía, de Davillier y Dore es una auténtica guía de viajes de hace dos siglos que nada tiene que envidiar a las actuales. Bucear por sus páginas es zambullirse es cada uno de los rincones o relatos que el autor nos narra. Es uno de esos libros que forman parte de la literatura de viaje escrito por soldados, escritores, intelectuales, políticos y embajadores que recorrieron la exótica Andalucía a lo largo del siglo XIX.

En este sentido ya hablamos hace un año de Edward Hawke Locker, militar inglés de alto rango que vivió en Cádiz y que publicó View of Spain, donde da cuenta gráfica y literaria de los recorridos por España que realizó entre 1811 y 1813 durante su misión  en la península durante la Guerra de la Independencia.

Pero en esta ocasión vamos a recorrer brevemente algunos de los pasajes más llamativos de la visita por la provincia de estos dos ilustrados franceses,  Charles Davillier y Gustave Doré. En sucesivos artículos ilustraremos y ampliaremos la información con imágenes y reseñas de otros autores. Valga este, Así nos vieron de aperitivo.

Davillier no sólo narra lo que ve también lo que le cuenta. Es así como a lo largo del libro va relatando episodios tales como los curiosos motes de los habitantes de Vejer, Medina Sidonia y Chiclana, así como  los nombres típicos de los andaluces y andaluzas. Y  es que, una de las señas de identidad de estos viajeros era enjuiciar todo lo que veían, dando por verdad algunos tópicos que en muchas ocasiones eran pobres y repetitivas. Veámoslo.

Después de Tarifa atravesamos una comarca árida y desolada hasta el pueblo de Vejer. Los habitantes, a los que se tiene por algo zafios, son llamados tardíos, palabras que les enfurece”. Davillier da una explicación un tanto surrealista: “He aquí cómo se explica el origen de su apodo: se ve en Vejer un peñón surcado de manchas amarillentas. Como este peñón molestaba a los habitantes, quisieron echarlo abajo, y a falta de otros proyectiles emplearon huevo. Habiéndose agotado todos los huevos del país, la mitad de los trabajadores se dirigió al pueblo vecino para buscar más. Y como tardaron, al regreso se les recibió gritándoles: ¡Llegad, tardíos! Abandonaron su trabajo, pero los tardíos aseguraban que las marcas de los huevos siempre están visibles sobre la roca”.

Leyendas como está, Davillier narra que son comunes en la provincia, y avisa de motes aún más grotesco a medida que nos acercamos a Cádiz. Por ejemplo, en Medina Sidonia son llamados “zorros”, y los de Conil, “desechados”. Pero en realidad, Davillier no hace más que recoger lo que años antes Fernán Caballero, seudónimo de la escritora Cecilia Böhl de Faber, escribió en Cuento y poesías populares andaluces.

Caballero dice así: “el de tardíos que incomoda tanto a los de Vejer, proviene de haber querido echar abajo un peñasco que les estorbaba y que tiene vetas amarillas. Cuéntase que el medio de que se valieron para llevar á cabo tan ardua empresa, fue el tirarle huevos, los que se estrellaron en él como lo atestiguan las vetas amarillas. Habiendo consumido sin obtener resultado el repuesto de huevos que llevaban, enviaron á algunos de entre ellos al pueblo para que les trajesen más. Tardándose los comisionados y estando ellos tan enfuncionados y tan impacientes por llevar su obra á cabo, se pusieron a darles voces diciendo: -¡Llegad, tardíos!-”.

Cuando Davillier afirma que a los de Medina Sidonia se les llaman “zorros” hace referencia de nuevo a Fernán Caballero que explica en su libro citado anteriormente como: “En cuanto al de zorros que enfurece a los de Medina, refiérese que estando este pueblo en poder de moros y no pudiendo los españoles hacerse dueños de él, discurrieron una treta que fue la de fingirse zorros. Así sucedió que una noche los moros de Medina oyeron con espanto tal concierto de aullidos de zorros en todas las direcciones y un tau, tau, tan estrepitoso y general, que se asustaron y abandonaron el pueblo”.

En su periplo por la provincia Davillier llega a Chiclana de la Frontera “un bonito pueblo situado sobre una altura, a poca distancia del océano; graciosas casas de recreo, de muros blancos y postigos verdes, anuncia la proximidad de una gran ciudad”. Como hoy día, ya a mediados del siglo XIX, narra Davillier “los habitantes de Cádiz acuden en verano para buscar un poco de sombra”.

Llegado a Chiclana y envuelto en la prosa de los motes, Davillier afirma en su libro que a los de Chiclana se les llaman: “ataja-primos” y lo explica así: “Se les ha llamado ataja-primos, porque una tarde dos primos que se paseaban a la orilla del río vieron a la luna que se reflejaba en el agua y quisieron apoderarse de ella. Pero por más que corrían, la luna siempre estaba en el mismo sitio. Entonces uno de ellos dijo al otro: -Da vuelta, adelante, y atájala primo-”. A pesar de la risa que puede causar, Davillier dice en su libro que “aunque muy poco verosímil, la broma les parece a lo chiclaneros de muy mal gusto”.

Davillier y Doré sigue su viaje y llega a Cádiz pasando por San Fernando, “donde muchos salineros, medio desnudos y curtidos como africanos, trabajan a pleno sol”. Interesante visita la que hace a la ciudad pero que relataremos en otra ocasión. Hoy, cerramos artículo con algunos de esos motes gaditanos tan característicos y desconocidos:

  • Vejer de la Frontera: los de la pompa vana.
  • Chiclana de la Frontera: borrachos, ataja-primos.
  • San Fernando: cañailla.
  • Conil de la Frontera: ladrones
  • Castellar de la Frontera: chisparreros.
Otros motes, menos literarios, se han perpetuado hasta nuestros días, como el de tiñoso (Puerto Real),  para los cuales no he encontrado una explicación más allá de lo que ha llegado a mis oídos que fue fruto de una epidemia de tiña que sacudió la ciudad.
José Manuel Oneto Mariscal.
Anuncios

3 Respuestas a “Así nos vieron: Davillier y Fernán Caballero

  1. Estimada Eloisa,
    yo el libro Viaje por Andalucía de Charles Davillier y Gustave Doré lo adquirí en una librería de Sevilla después de buscarlo y no encontrarlo en Cádiz. En efecto, el libro ha sido editado por el Centro de Estudios Andaluces (Consejería de Presidencia, Junta de Andalucía) y la editorial Renacimiento. No creo que haya muchos ejemplares ya que también lo busqué en Fnac Sevilla y tampoco lo había. No obstante imagino que tal vez lo puedas pedir directamente llamando al Centro de Estudios Andalucía. El precio fue 20€ y forma parte de una colección de nombre “Los Viajeros” de libro de similares caracteristica y época. Saludos, José Manuel.

  2. Hola!. Me gustaria comprar el libro. Por la foto, parece que lo ha editado la Junta de Andalucia. Cómo podría conseguirlo?. Gracias!

Introduce tu comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s