Así nos vieron: Charles Garnier


Confesada mi afición por ojear libros de viajes de escritores y artistas que en el siglo XVIII-XIX recorrieron Andalucía, miro y leo con avidez cualquier libro, mapa o lámina que cae en mis manos, e imagino a estos personajes, con aspectos de dandis y perroflautas decimonónico, paseando y caminado por las mismas calles que yo un siglo después recorro con sus libros en mis manos.

Charles Garnier.

Jean-Léon Gérôme Título: Retrato de Charles Garnier Fecha: 1877 Tipo: Óleo sobre tabla Medidas: 25 x 22 cm Úbicacion: Bibliothèque nationale de France, París

Retrato de Charles Garnier por Jean-Léon Gérôme. 1877. Bibliothèque Nationale de France, París. Imagen: Museo Thyssen.

“Voyage en Espagne”, así titula Charles Garnier su libro de viajes, requiere mi atención. Desconozco su vida y su obra, pero no me importa. Releo y busco entre sus páginas alguna referencia a Cádiz… ¡bingo! Un sugerente epígrafe “De París a Cádiz: el viaje a España de Charles Garnier, Ambroise Baudry y Gustave Boulanger por Fernando Marías Franco”, me confirma que para bien o para mal -ahora veremos las impresiones del autor- la provincia gaditana es un imán para tantos ilustres personajes. Aunque con motivaciones y circunstancias diversas, la impronta gaditana ha marcado en mayor o en menor medida un episodio de sus vidas y reflejo de ello son los numerosos capítulos que nos han dejado. Charles Garnier, francés, fue uno de ellos, y lo hizo de una forma muy original: con versos.

El Palacio de la Ópera de París, inaugurado el 5 de enero de 1875 y conocido también como «Palais Garnier» (Palacio Garnier) u «Ópera Garnier», en honor al arquitecto que lo diseñó, Charles Garnier. Imagen: Wikipedia.

Él no era poeta sino arquitecto. Arquitecto de la Ópera de París (1862-1875), su obra más conocida. La motivación que llevó al arquitecto de la Ópera de París a visitar nuestro país no está clara. Fernando Marías Franco, autor de este capítulo del libro, apunta: “Desconocemos las razones del viaje de Garnier a España; tal vez sólo se debiera al contexto de lo que podríamos denominar la hispanomanía o la France´s craze por todo lo español de los años sesenta (…) Pero tal vez debiéramos tener en consideración el papel de catalizadora de la emperatriz, la granadina, aunque educada en París, María Eugenia Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Teba y de Montijo, más conocida como Eugenia de Montijo (1826-1920); (…) casada en 1853 con Louis Napoleón III (1808-1873), emperador entre 1852 y 1870, y con un especial interés desde joven por la arquitectura“.

La llegada a Cádiz.

Garnier viajó a España acompañado de su esposa y de dos amigos, los señores Boulanger y Baudry. Utilizaron como transporte el ferrocarril, las diligencias, mulas y el vapor para viajar por toda España. A la provincia de Cádiz llegaron desde Sevilla en tren, con un pequeño receso en Jerez de la Frontera. Garnier, deseoso de llegar a Tánger, hace cábalas sobre cómo llegar a la ciudad africana:

Si a Tánger queremos ir,
tres días hay que añadir,
y luego hasta Gibraltar
hay que toma
un vapor;
nos da temor,
porque el mar no está encalmado,
más bien se ve aborregado,
y, si en barco navegamos
y vomitamos,
la ruta será indigesta

Tras descartar viajar a Tánger, deciden pasar noche en Cádiz, no con muchas ganas.  Las impresiones de Garnier sobre la ciudad cambian radicalmente tras pasear por sus calles y plazas.

Y que si nos arriesgamos
en Tánger permanezcamos
al menos una semana
No tenemos mucha gana
seguro que nos hartamos

Luego Cádiz tiene duende
sí, pero no nos sorprende
pues ya hemos visto ciudades
con sus mismas cualidades.

Ratifico mi fervor:
Cádiz es encantador.
Mas no sé qué es lo mejor,
tengo la pluma indecisa,
porque todo es delicioso
y garboso.
La villa es una sonrisa:
la sonrisa de la aurora,
la sonrisa de la tarde,
la de Apolo y la de Flora,
Cádiz de risa hace alarde.
La ciudad que se remira
en el azul de las olas,
y en el céfiro que respira
con fuerza, incluso con ira
sus pulmones no controla,.
Es una ciudad completa,
todo en ella es blanco y verde.
Por do la vista se pierde,
miradores, balconadas,
patios, pórticos, arcadas,
y ligeras celosías,
que de flores se atavían,
unas plazas deslumbrantes,
mujeres muy elegantes,
palmeras por todos lados
y naranjos aromados,
y, cerca de la caleta,
el paseo, cuya meta
es ser lugar de visita
donde todos se dan cita.
Un cielo azul que se enfrenta
a los días de tormenta;
los pámpanos, los festones,
los alegres carillones,
las reverdecientes plazas
y las típicas terrazas,
las ondeantes cortinas
con el viento bailarinas.
Nos embriaga el frenesí,
queremos vivir aquí
y de París olvidarnos,
de todo despreocuparnos.
Mas debemos sin demora
de esta estancia encantadora
despedirnos. Qué apatía.
Ahora nos llama Granada,
adiós, Cádiz adorada,
viajemos con alegría.

Fernando Marías apunta que podría pensarse que para 1868, fecha del viaje, todo había sido bien definido en su proyecto de la Ópera de París, y que el viaje a España no pudo tener efecto alguno sobre su edificación. No obstante, lanza la hipótesis de que algunos aspectos de la Ópera recuerdan a la cultura arquitectónica española, y pone como ejemplo la catedral de Cádiz y el muro interior de la Ópera, con su secuencia circular de falsos dinteles.  Sobre la catedral de Cádiz, Garnier escribe:

Qué cosa piramidal
es la rara catedral.
Todo en ella es inexacto,
pero causa un gran impacto.
Es, creo, el único ejemplo
de tan magnífico templo,
contrario al común sentido,
¡te deja tan sorprendido!
El autor en cuya mente
un buen día se gestó
esta iglesia diferente,
qué inteligente gachó.

Vista desde el Campo del Sur de la Catedral de Cádiz. 1879. Fototeca del Patrimonio Histórico. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Vista desde el Campo del Sur de la Catedral de Cádiz. Entre 1860-1886. Fototeca del Patrimonio Histórico. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

De Cádiz parten a Tarifa en diligencias con la empresa La Madrileña, que ese año estrenaba servicios en la provincia de Cádiz.

Pero deambulando esa tarde-noche,
vamos a parar a la Madrileña.
Entramos y nos ofrecen un coche
que nos conduce a tierra tarifeña.

Aceptamos, ya lo hemos decidido
y ocupamos el delantero asiento,
del buen tiempo estábamos convencidos,
pero, ¡zas!, no caímos en el viento.

El caso es que era un día de tormenta,
nos quedamos helados, ateridos.
El viento de levante nos afrenta.
¡Que me aspen!¡Que violento soplido!

Sin embargo, el camino es admirable.
Estoy aquí, y no me da miedo el viento.
Me olvido de este céfiro implacable,
solo el camino encantador comento.

Vista de Tarifa. J. Laurent y Cía. 1879. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Vista de Tarifa. J. Laurent y Cía. 1879. Fototeca del Patrimonio Histórico. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Tras pasar por Chiclana y Vejer llegan a Tarifa.

Por delante y por ambos lados,
también por la parte trasera,
hay montones de sal secados,
pero no de cualquier manera.
Tienen forma piramidal,
lo que da un efecto curioso,
un efecto, en efecto, igual
al del Egipto misterioso.

La verdad es que es muy agradable.
Estamos viajando entre prados,
y es un placer inagotable
ver mil flores por todos lados.

Esta tierra ejerce un hechizo,
somos grandes admiradores.
Cuántos olores,
cuántos frescores,
cuánta alegría, qué vivos colores.
España entera es un macizo,
un inmenso ramo de flores.

Antes de anochecer
el coche ha llegado a Tarifa,
con ganas de comer
y un lecho donde adormecer.

El viaje de Garnier  por la provincia de Cádiz continuará. Él, su esposa y sus dos amigos se hospedan en Tarifa y desde aquí partirán en mulas a la ciudad de Algeciras, donde tomaran el vapor Numancia hasta Málaga. Garnier acompaña estos versos con dibujos. Dibujos de la catedral, la Alameda, calle Ancha, Algeciras… Con un tono jocoso, Garnier describirá vivencias de todo tipo. Ya no sólo las impresiones positivas o negativas de los monumentos también añade la descripción de los alojamientos, anécdotas o la obsesión por viajar solos en los vagones. Un interesante libro de lectura muy recomendable.

Viaje a España por Charles Garnier con la colaboración de Louise Garnier, Gustave Boulanger y Ambroise Baudry. 1868. Fernando Marías y Véronique Gerard-Powell (eds.). Editorial Nerea, 2012.

Traducción poema original: Elena Gallo Krahe, 2012.

Para saber más:

Anuncios

2 Respuestas a “Así nos vieron: Charles Garnier

    • Gracias Agustín,
      Ya sabes que para mí es un placer tenerte como lector. Te mando por correo el pequeño verso donde cita a Jerez de la Frontera y que no he publicado aquí. Un saludo.

Introduce tu comentario...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s