Así nos vieron: El Monasterio de Piedra


Monasterio de Piedra03A pocos kilómetros de Calatayud, provincia de Zaragoza, en las inmediaciones de un río llamado Piedra, un grupo de monjes procedentes de la Abadía de Poblet, en Tarragona, se instalan en el siglo XII en la antigua fortaleza musulmana Castillo de Piedra Vieja. Construyen el actual Monasterio de Nuestra Señora de Piedra y predican la fe cristiana en estas nuevas tierras reconquistadas a los moros.

Aquí mantuvieron una vida contemplativa hasta que Juan Álvarez Mendizábal desamortiza el conjunto monástico en 1835. El monasterio y sus tierras “muertas” son adquiridas por un industrial textil barcelonés: Pablo Muntadas Campeny, dedicándola a la cría de ganado y a la explotación agrícola. Su hijo Juan Federico Jornet se instala en el antiguo palacio abacial, convirtiendo el viejo convento en un distinguido establecimiento hostelero.

El interés que despertaba el espectáculo que la naturaleza brindaba al espectador en forma de numerosas cascadas a pocos metros del Monasterio, movió a Juan Federico Jornet a trabajar en el acondicionamiento turístico de este enclave natural. Declarado en 1945 Paraje Pintoresco Nacional, es hoy Conjunto de Interés Cultural en la categoría de Jardín Histórico y uno de los lugares con encanto más visitados de Aragón.

Así vieron el Monasterio de Piedra y su parque natural algunos personajes ilustres del siglo XIX-XX:

Laborde, Madoz y Coelho

El río Piedra en las inmediaciones del monasterio de Piedra, fundado por el rey D. Jayme I el Conquistador, riega y hermosea su terreno. El monasterio está situado en una montaña elevada pero muy deliciosa como a distancia de media legua de Nuévalos y 3 de Calayayud. El río corre por sus inmediaciones y le provee de anguilas, truchas, barbos y cangrejos, y por otra parte es muy digno de la atención de los naturalistas, por las muchas virtudes de sus aguas. Toda planta, madera, vidrio, hierro, etc. que estas cubren por algún tiempo, se petrifican infaliblemente. Es muy chocante y pintoresco el chorro Palomar, cuya cascada entre una cueva y el río, despeña como dos muelas de agua, formando una cola blanca de caballo de más de 80 varas de caída.

Alexandre Laborde, Voyage pittoresque et historique de l’Espange, 1806.

El primer volumen de Voyage pittoresque et historique de l’Espange de Alexandre Laborde se publicó en 1806. A pesar del tiempo transcurrido, más de 200 años, el río Piedra conserva buena parte del encanto que Laborde describió en su obra. Este afluente del río Jalón sigue regando uno de los más impresionantes paisajes fluviales del país: las cascadas se suceden, a cuál más bella y alta. Y todo gracias a unas aguas ligeramente ácidas, que ocasionan una lenta disolución de las rocas calizas, generando las espectaculares galerías, cuevas y cascadas que tendremos oportunidad de ver a lo largo del recorrido.

El río Piedra llamado sin duda así por la cualidad que tiene de petrificar con sus aguas cualquiera madera.

Pascual Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar. 1830.

Esa misma acidez del agua al entrar en contacto con plantas, musgos y troncos genera una costra caliza que petrifica, con el paso del tiempo, todo aquello donde el agua se haya depositado. Así, ya en 1806, Laborde decía: “todo planta, madera, vidrio, hierro, etc. que estas cubren (en referencia al agua) por algún tiempo, se petrifican infaliblemente”. Y mucho más reciente, en 1994, Paulo Coelho lo introduce en su novela A orillas del río Piedra me senté y lloré: 

A orillas del río Piedra me senté y lloré. Cuenta una leyenda que todo lo que cae en las aguas de este río -las hojas, los insectos, las plumas de las aves -se transforma en las piedras de su lecho. Ah, si pudiera arrancarme el corazón del pecho y tirarlo a la corriente; así no habría más dolor, ni nostalgia, ni recuerdos.

Paulo Coelho. A orillas del río Piedra me senté y lloré.

Júdez, Laurent y Passaporte.

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Subida al parque [Monasterio de Piedra] 1866-1871. Mariano Júdez Ortiz. IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

El espectáculo que ofrece el río Piedra y el Monasterio de Nuestra Señora de Piedra no pasó desapercibido para los pioneros de la fotografía en España. Por el parque natural y por las dependencias monásticas pasaron los más famosos fotógrafos del país. El primero que pasó por el Monasterio de Piedra fue Mariano Júdez Ortiz. Gracias a él podemos contemplar cómo eran las cascadas del Parque Natural en la segunda mitad del siglo XIX, cuando aún estaba muy reciente la adquisición del conjunto monástico por parte de la familia Muntadas.

El trabajo que aquí realizó le valió el reconocimiento como uno de los grandes fotógrafos de naturaleza de la época. Las fotografías muestras los grandes saltos de aguas y los primitivos caminos. Asimismo, fue el artífice de los retratos realizados a Juan Federico Muntadas y su mujer Carmen Muntadas Mariñosa.

No pasó inadvertido a Júdez el potencial turístico del Monasterio de Piedra, entonces en proceso de transformación (…). El libro de firmas del monasterio da testimonio de dos de sus visitas, el 26 de julio de 1866 y el 25 de julio de 1871. Durante sus estancias, Mariano Júdez realizó un conjunto de fotografías (1866) de los paisajes pintorescos, cascadas y piscifactorías.

Chus Tudelilla, el Periódico de Aragón, 2005.

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Pesqueras de las truchas [Monasterio de Piedra] 1866-1871. Mariano Júdez Ortiz. IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Cuentan que las piscifactorías del Monasterio de Piedra fueron las primeras de toda España, en 1867, a imagen y semejanza de las establecidas por aquellos años en Alemania, Francia y Suiza. En la fotografía de Júdez Ortiz observamos la “pesqueras de las truchas” pero también habían de cangrejos y salmones.

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Cascada la Caprichosa [Monasterio de Piedra] 1866-1871. Mariano Júdez Ortiz. IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Por aquí también pasó Jean Laurent y Minier,  un francés afincado en Madrid desde 1843 cuya especialidad eran las fotografías de retratos, paisajes turísticos y vistas de tópicos pintorescos. Entre sus millar de fotografías encontramos algunas de uno de esos sitios pintorescos que tanto le gustaba retratar, dejándonos bellas imágenes de las cascadas y de las dependencias monásticas de Nuestra Señora de Piedra.

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Cascada de las Requijadas [Monasterio de Piedra]. 1860-1886. Jean Laurent. IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 

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Cascada Trinidad [Monasterio de Piedra] 1866-1886. Jean Laurent. IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

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Ábside y torre de la Iglesia [Monasterio de Piedra] 1866-1886. Jean Laurent. IPCE. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 

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Fachada de las celdas [Monasterio de Piedra] 1866-1886. Jean Laurent. IPCE. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Hoy día, estas celdas de los monjes son las habitaciones del hotel, totalmente remodeladas, con vistas al parque natural y a este patio del claustro, usado antiguamente como huerta. 

Por último, no podía faltar a su cita con el Monasterio de Piedra, otro grande de la fotografía: Antonio Passaporte. Este portugués se traslada a Madrid en 1927 y comienza a trabajar para Concepción López y Charles Alberty Jeanneret como fotógrafo de vistas urbanas, monumentos, paisajes y tipos populares para su comercialización como tarjetas postales. De este modo, recala en el Monasterio de Piedra y toma algunas de las fotografías más espectaculares del siglo pasado.

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Cascada de la cola de caballo [Monasterio de Piedra]. 1929-1935. Antonio Passaporte. Archivo Loty.  IPCE. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

La admiración por la cascada de la Cola de Caballo, fotografiada desde el lecho del río Piedra por Antonio Passaporte, es común a todas las personas que visitan el Parque. En la actualidad, y como en la fotografía se aprecia, se puede seguir admirando este impresionante salto de agua desde el mirador que hay frente a ella o descender por la ruta cavada en la roca hasta llegar a la Gruta Iris.

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Gruta Iris o gruta de la cola de caballo [Monasterio de Piedra]. 1929-1935. Antonio Passaporte. Archivo Loty. IPCE. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

 Un lugar así, con tantos recodos e historia, aguarda al visitante muchos secretos que daría para escribir más de un post. Historia y naturaleza unidas de la mano. Un lugar pintoresco, que sigue atrayendo cada día a miles de visitantes de todos los países. Y ahora que seré papá en los próximos meses, un lugar maravilloso para viajar con niños.

Para saber más:

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2 Respuestas a “Así nos vieron: El Monasterio de Piedra

  1. Je, je… ya te veo que hace incursiones por mi tierra… Para los maños (y para todo el mundo…) este es un lugar de peregrinación. La primera vez estuve con 9 años, cuando fuimos de excursión col el colegio. Ya entonces nos parecía algo mágico… ¿Estuviste también en Jaraba o en las hoces del Jalón…? Un cordial saludo y felicidades por estos artículos que no pueden ser mejores.
    Agustin

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